Amalia, la buena

Sus ojos verdes reflejan bondad, entrega y amor incondicional. Siempre está, en persona o a la distancia, para dar, resolver, cuidar y ayudar.

Así es Amalia…. Nuestra Amalia, porque todo el que la conoce no puede evitar adoptarla, de forma instantánea y natural, como una segunda madre o abuela.

Amalia es la mamá de Raúl.

Para hablar sobre Amalia se necesitaría escribir numerosos libros, su historia es intensa y extensa. Pero su esencia como ser humano transciende todas las palabras.

Desde que nos conocimos, establecimos una relación que va más allá de ser “suegra-nuera”.

Pocos días después de habernos conocido en persona, me pellizcó la mejilla de una forma tan cariñosa y auténtica, que la sensación de sus dedos aún permanece en mi memoria.

Su dulzura, su espíritu alegre y siempre ávido por aprender, su paciencia, optimismo, fortaleza, sabiduría y vitalidad, son algunos de los atributos que la hacen tan especial.

Las muestras de amor de Amalia hacia mí se intensificaron a raíz de mi diagnóstico. En ese momento Raúl y yo estábamos viviendo con ella en su apartamento, en Buenos Aires, mientras el sueño de construir nuestro hogar en el campo pasaba, inevitablemente, a otro plano.

Amalia no solo nos brindó su hogar como refugio materno, sino que se convirtió en enfermera, doctora, psicóloga, confidente y cocinera para ayudarnos a sobrellevar el giro abrupto que tuvieron nuestras vidas.

“Cáncer” no ha sido una palabra fácil para Amalia. Fue responsable de sus dolores más profundos. Su hermano y su esposo partieron a causa de él… Por eso, asumir el cuidado de otra persona con cáncer exigía mucho coraje y amor.

Mis padres, al no poder acompañarme físicamente durante todo el proceso, depositaron en ella toda la confianza y esperanza de que sus atenciones me ayudarían a sanar.

Antes de que mi mamá se fuera de este mundo, tuvo la oportunidad de agradecerle a Amalia por todo el amor que me entregaba en cada detalle y en cada gesto. Eso le dio paz. Mi mamá sabía que Amalia me cuidaba como a una hija.

Mi familia se refiere a ella como “La buena de Amalia”. Y así es ella, es buena, queriendo y hasta sin quererlo…

La palabra “gracias” no logra abarcar la amplitud y profundidad de mi sentimiento. Por eso intento retribuirle tanta entrega de muchas maneras, aunque sé que nada será suficiente.

Gracias, Amalia. La amo, respeto y admiro con todo mi corazón.

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La madre que me dejó mi mamá…

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6 comments

  1. Querida Mariposa de Luz, me siento muy contenta de que exista Amalia en tu vida, que parece poseer un dulce corazón de madre. Sigues progresando hacia tu meta de salud y felicidad como era de esperarse de una bella princesa como tú. Desde mi casa frente a mi balcón lleno de visitantes diarios, pequeños pajaritos que se adueñaron del lugar, comen alpiste tan tranquilos como en su casa y alegran mis mañanas con su canto, te mando un gran abrazo mi querida Karina. Que Dios te bendiga

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    • Querida María Virginia, qué lindo despertar con el canto y la compañía de los pajaritos… Gracias por sus palabras sobre Amalia, es así, tiene un dulce corazón de madre. Gracias también por seguir acompañándome, lo valoro mucho. Le mando un abrazo grande lleno de cariño.

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