Días 7 y 8. Rayos de esperanza

El tratamiento continúa y mi esperanza crece ante la posibilidad de que todo este proceso ayudará a controlar la enfermedad.

El jueves y viernes pasados tuve las aplicaciones de radioterapia a mi cabeza números 7 y 8, respectivamente. También tuve controles médicos y me redujeron la dosis del corticoide (Dexametasona), que debe mantenerse en sangre durante todo el tratamiento y un tiempo después.

Mi estado general sigue igual, pero trato de administrar mis energías, moviéndome lentamente y sin presionarme con tareas que no puedo realizar. Siento un letargo permanente, con mucho mareo y debilidad.

La aplicación de los rayos genera mucha fatiga. Además, los efectos del medicamento que repercuten en mi estómago, la acumulación de líquido en mi cara y la aparición de alergias y acné en la piel, no ayudan al cuadro.

Mantener mi mente activa es muy importante, pero confieso que me está empezando a costar un poco.

La mente… es lo que le da sentido a toda nuestra existencia. Puede ser tan maravillosa como peligrosa. Según cómo la usemos podemos generar una variedad infinita de percepciones internas que nos predisponen ante la vida de una u otra manera.

A veces evitamos “mirarnos” hacia adentro por miedo a no saber qué encontrar. El miedo nos paraliza. Nos desespera. Pero, por más que huyamos de nosotros mismos, lo que tenemos dentro, lo que somos, pensamos, sentimos, sigue estando ahí… Por más distancias y kilómetros que recorramos en el mundo exterior, en nuestro interior está el verdadero, real y único lugar.

Siempre he sido de pensar mucho… tal vez demasiado. Pero me ha servido para conocerme mejor, para entender un poco quién soy.

Mi mente está intentando encontrar un balance auténtico, real, sin maquillajes y sin falsas esperanzas. Parto de una realidad, con todo lo subjetiva que pueda ser.

Tener cáncer de mama metastásico a los 38 años de edad es una premisa muy dura y fuerte para mí. No lo niego, no lo reprocho, no lo oculto. Pero tampoco lo exagero ni dramatizo.

¿Qué pensar? ¿Cómo vivir el día a día? ¿Cómo no sentirse sentenciada a muerte tan temprano? ¿Qué planes hago? ¿Con qué me ilusiono? ¿Con qué sueño?

Mi cabeza ha sido mi herramienta más importante. Desde el primer día de toda esta historia, mi cabeza y mis pensamientos, han liderado mis acciones, mi actitud, mis decisiones… A veces de forma equivocada, otras no tanto, pero es mi mente la que lleva el mando, constantemente.

La mente, como un buen compositor musical, va subiendo y bajando tonos, creando nuevos sonidos, silencios… susurros, tonalidades de euforia o melancolía. La mente es nuestro filtro ante la vida, las sensaciones y percepciones. Nos hace vulnerables, susceptibles, débiles, fuertes… humanos.

Pasé gran parte de mi vida planificándola y soñándola, como cualquier otra persona en el mundo. Tengo espíritu de soñadora, idealista, utópica, pero con una mezcla de visión terrenal que me permite ver que la vida, al mismo tiempo, puede ser muy dura y cruel.

Mi enfermedad ha generado mucho dolor, mucha angustia, mucha tristeza, rabia, desconcierto, miedo, desesperación.

He sentido cómo mi alma se rasga en pedazos, dejándome sin aire, sin aliento, sin fuerzas para respirar.

He llorado lágrimas que queman las mejillas, dejando cicatrices indelebles y profundas.

He sentido dolores desgarradores, de esos que no se pueden desahogar con gritos ni golpes.

Mi mente me ha hecho viajar a lugares oscuros y llenos de fantasmas, donde no hay luz, no hay esperanza, no hay vida.

Todo lo que he sentido, pensado, vivido, está conmigo. Y se irá conmigo. Forma parte de mi historia, de mi ADN.

Al mismo tiempo, es mi mente la que me ha permitido no caer y quedarme en lo más tenebroso de nuestro baúl de los miedos.

Cada día, al despertarme, tomo conciencia de que respiro. Estoy viva. Abro los ojos, veo luz. Doy gracias. Y de pronto, siento una fuerza muy poderosa en mi corazón, escucho una voz que suena fuerte desde mi cabeza, diciendo: ¡Levántate! ¡Estás viva!

Y es allí cuando sucede eso mágico que no podemos explicar con palabras… Ese fuego de querer seguir viendo qué pasará el próximo minuto en nuestro transcurrir cotidiano.

En ese momento al despertar, mi mente se las arregla para hacerme entender que no somos dueños del tiempo. Hacerme entender que es un acto de entrega y amor a nosotros mismos aceptar nuestra historia de vida y tratar de vivirla de la mejor maneja posible.

Ser feliz, con todos los colores y matices de nuestra historia personal, es una decisión. Esa decisión está en nuestra cabeza, en nuestra mente y se comunica a todo nuestro organismo con un poder excepcional, llegando a nuestra alma.

Acepto mi realidad, sin reproches. Me adapto y le saco el mejor de los colores. Cuando quiero llorar lloro, cuando no, río. Pero decidí ser feliz. Así me levanto día a día de la cama. Y así me voy a dormir.

Ningún mortal sabe cuánto tiempo estaremos en esta dimensión. Lo único que podemos hacer es usar nuestra capacidad para decidir cómo vivimos cada segundo que estamos respirando. Qué sentido le damos a cada mirada, cada pensamiento, cada temor o anhelo. Es hoy, aquí, ahora, en este instante.

Por eso, la mente puede ser nuestra mejor aliada… o muy traicionera. Cómo usarla es un gran desafío… y de eso se trata la vida, de aprender y de conocernos. Y si además, decidimos ser felices, nuestras vidas cobran sentido.

 

kari-ventana-luz
Dejo entrar la luz…
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5 comments

  1. Hola Karina
    Hace unos días te escribí pero por alguna razón no se envió así es que trataré de recordar que escribí 🙂

    Te confieso que al leer lo que escribiste esta vez no pude contener mis lágrimas y solo cerré todo y no pude escribir nada en el momento.

    Admiro tu capacidad de salir adelante ante todo esto, la fuerza física para saber controlar tus dolores y tu mente de la mejor manera posible, aunque te está costando un poco tu determinación a ser cada día feliz me da fuerzas para que en mi mente este eso y también yo sea feliz!
    Describiste con las mejores palabras lo que también yo siento, los temores,miedo,incertidumbre,etc
    Todos los altibajos que sentimos en nuestro día a día, después de cada resultado, después de cada tratamiento, es una lucha constante y un desafío ante nosotras mismas, el saber controlar nuestra mente y ver las cosas de la mejor manera sin ignorar nuestra realidad,
    Tenemos un gran deceo de vivir!!, de seguir con nuestra propia historia, aceptándola pero con la Fe de que tengamos una posible sanacion .
    Espero con todo mi corazón que tus dolores y cambios físicos que has tenido en este tratamiento tengan el mejor de los resultados y que sigas tu vida, que sanes, que sigas siendo feliz!
    Es increíble cómo podemos crear este lazo a pesar de la distancia, y que nuestras vidas tengan tanto en común que podamos comprender cada sentimiento que tenemos en nuestro día a día.
    Gracias por escribir, gracias por compartir tus experiencias,gracias por la fuerza que transmites, gracias por estar ahí para darnos fuerza a los que te leemos!!

    Adelante mi compañera!!!

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    • Mi compañera Mari,
      Alguien como tú le da sentido a la decisión de compartir mi historia. Saber que sin conocernos, entre un universo lleno de gente, que dos seres humanos podamos conectarnos de esta manera, comprueba que Dios existe y que todo lo que sucede en la vida tiene un sentido.
      Gracias a ti, gracias por dejarme entrar en tu corazón y por acompañarme en este camino incierto, pero decidiendo ser feliz.
      Estoy muy pendiente de tu tratamiento y de los resultados de tus estudios. La espera es dura, pero la fe ayuda a sobrellevarla. Te abrazo y rezo por ti. Y extiendo mis oraciones para tu familia, que seguro son los pilares de tu felicidad. Besos!!

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  2. Gracias Kari,,, si, la espera es dura, por más que trato en no pensar en eso tú sabes que es inevitable, trato de distraer mi mente con trabajo, haciendo labores de casa etc, pero cada día se acerca más el día de los estudios y me inquieta el solo hecho de pensarlo.
    Gracias por tus buenos deceos y sigo pidiendo a Dios que las quimio estén ayudando con esto… Seguimos en contacto mi compañera, pidiendo a Dios y en espera de nuestra posible sanacion.

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